viernes, 30 de octubre de 2009

¿¿¿AMIGOS O ENEMIGOS...???

Los enemigos son personas tan humanas como una misma. La diferencia entre un amigo y un enemigo es el afecto y el desagrado que le tengamos.

Estoy leyendo un libro muy útil del Dalai Lama sobre el amor y he aquí lo que al respecto he asimilado.

Hemos renacido infinidad de veces, con infinidad de formas, de tal manera que es muy probable si no un hecho que en más de alguna experiencia de vida hayamos sido madre o hija de alguien más y que en esta nuestra vida actual puede fácilmente ser nuestro amigo o nuestro enemigo.

Cuesta mucho para algunos el ser amigables con extraños y menos con personas poco agraciadas en carácter o aspecto. Lo desconocido debe temerse. Así se ha desfigurado la interacción entre humanos, lastimosamente. Y es que nos hemos amañado en extremo. La mentira, el engaño, la envidia, la ira y otras peculiaridades de cada personalidad han creado barreras en vez de puentes, ha creado confusión y paranoia.

Hemos perdido el punto de referencia, el concepto de la convivencia mutua para lograr un bienestar común. Ahora se cree que con lograr metas personales, satisfacciones exclusivas a nuestros intereses, planes y expectativas, son las razones para hacer lo que hacemos, sea lo que sea que se tenga que hacer.

Hay una premisa interesante e importante en el budismo, que expone la naturaleza clara y no malvada del ser humano. Al nacer no padecemos de sentimientos como avaricia, envidia, ira, egoísmo, avaricia, relacionados a una situación, cosa o persona. Todos ansiamos y enfrentamos cada día con el objetivo último de ser felices. Es tan simple, el deseo innato que nos acompaña desde la primera hasta la última respiración: lograr ser felices.

Ante este deseo que impregna cada molécula de nuestro cuerpo, así como cada pensamiento de nuestra mente, y así por incontables vidas previas y futuras, no es de extrañar que hagamos y deshagamos con tal de obtener la dichosa felicidad.

No se requiere de ciencia o rituales exóticos o complicados, para nada. Al pensar, hablar y actuar entonces, en pos de esa felicidad, tenemos varias opciones, entre ellas: amar al prójimo, que nos sea indiferente o que lo odiemos. Más pareciera que se dan combinaciones en diferentes intensidades en diferentes momentos y circunstancias y a la persona que hoy odiamos, mañana amamos y pasado mañana ignoramos.

Pero hemos de recordar y estar “presentes” para ello en el “presente”, que todos los que nos rodean y con quien convivimos, sin excepción nos ha dado amor, cuidados y la oportunidad de nacer, al ser nuestras madres en un punto de nuestro largo e interminable camino hacia la iluminación. Si hoy nos lastiman o nos dañan, tener la visión y comprensión del momento, así evitar reaccionar negativamente hacia cualquiera. Lo que es nuevo o poco usual, cuesta aplicarlo al principio más con el tiempo y la práctica, será espontáneo y parte de nuestra naturaleza en forma de amor y compasión.

Para muchos ha de sonar todo esto algo descabellado, inútil y sin propósito. No hay problema, de eso se trata, el respetar los diferentes tipos de pensar sin que por ello dejemos a un lado nuestro deseo y determinación de mejorarnos y ayudar a los demás.

Al fin y al cabo, nada es personal porque no existe nada: ni la persona, ni el yo, ni el mí, ni el tuyo. Y este otro concepto sí me está costando entenderlo. Pero será tema de otra ocasión.

La palabra “Dharma” significa en sánscrito: “medida preventiva”. De tal forma que si nuestro objetivo es el ser mejores autores de nuestras vidas, a través de estas enseñanzas evitaremos repetir tantos errores del pasado y forjar un renacimiento más propicio.
Así mismo el factor “Karma” es innegable en cada suceso de nuestra existencia actual, por lo que al seguir el “Dharma”, crearemos méritos que nos permitan renacer en un medio y forma para continuar estudiándole, aplicándole y beneficiando a todos y a nosotras mismas de este proceder.