jueves, 18 de junio de 2009


La cuestión para el budismo, de si existe no un dios, es irrelevante.
No porque no sea importante para los que lo creen, sino porque no es importante para los que escogimos esta filosofía de vida.
Para mi, que creo en las enseñanzas de Buda, quien como ser humano enfrentó el dilema de cómo salir de este renacer sin fin, aunado al dolor y sufrimiento por nuestra naturaleza basada en apegos, es inútil derramar esfuerzos, tiempo valioso y recursos perecederos, en solventar una pregunta que ni me quita y ni me pone.
Es mucho más importante y útil, llegar a entender y obrar en base a las enseñanzas y experiencias de un hombre que pudo salir de la vorágine del renacer sin fin. Y hacer de esta y las vidas futuras un instrumento que me aleje del sufrimiento, que me permita ayudar al bienestar de los demás y que me haga consciente de mi pensar, hablar y actuar en esta vida, tomando responsabilidad del efecto de mi presencia en el mundo y en la humanidad.
Hay una explicación que ya es bien conocida y difundida de la respuesta que dio Buda a sus seguidores estudiantes, sobre su decisión de no buscar si existía o no un dios.
Y es algo como esto: “Cuando una persona es herida seriamente por la flecha de un arco, no se pone a averiguar la proveniencia de esa flecha, su material, el material del arco que la lanzó, las ideas del que sostuvo ese arco ni infinidad de cosas más, antes de retirarla del cuerpo pues de ser así, esa persona moriría irremediablemente.”Para algunos esto tiene más que razón y lógica, para otros, no la tiene.Si alguien niega la existencia o la veracidad de las enseñanzas de Buda, me es irrelevante, no es una agresión ni mucho menos una ofensa.
Que piensen cómo y lo que quieran, mientras sean felices y vivamos en paz, más que suficiente.
Quisiera claro que nadie sufriera, que todos encontráramos la receta o fórmula ideal que hiciera de nuestras vidas un paraíso eterno. Pero no es así, nunca lo ha sido ni lo será en muchos eones por venir.Nos falta aprender mucho, nos falta entender mucho más.
Nos falta ser más bondadosos y generosos, dejar el egoísmo y engaños mentales a un lado para poder ver la realidad, una realidad mejor que cualquiera que pudiéramos imaginar, pero no queremos buscar.
Al final de cuentas, es una hecho que vivimos como queremos, lástima que no recodemos las causas que originaron nuestras vicisitudes en esta vida, pero nadie ni nada más que nosotros fuimos los creadores de todo esto y por ende, nos toca queramos o no, aceptar las inevitables consecuencias.

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